Dejate de joder y dibujá Circular 3 septiembre, 2026

Dejate de joder y dibujá

Todos supimos dibujar hasta que la vergüenza y la inmaterialidad digital nos ganaron la pulseada. Un recorrido por la pérdida del hábito de garabatear, las excusas de la adultez y por qué en el Día de la Historieta la mejor forma de homenajear al dibujo es volver a agarrar un lápiz.

Por Mario Bottarlini

Desde 2010 en Argentina cada 4 de septiembre se celebra el “Día de la Historieta”, conmemorando el lanzamiento en 1957 del primer número de la revista “Hora Cero” donde años más tarde vería la luz “El Eternauta”, una de las obras máximas de Héctor Germán Oesterheld y de la historieta nacional.

Para estas fechas las referencias suelen ser desde el punto de vista de quien lee, pero en este artículo quiero reflexionar sobre el de quien dibuja.

En una Charla TED, el humorista gráfico español Puño no le pregunta al público cuándo empezó a dibujar. Le pregunta cuándo dejó de dibujar. Su teoría afirma que todos dibujamos a una edad temprana, y con el paso de los años nos vamos poniendo vergonzosos con el asunto. Ningún chiquilín de jardín de infantes te va a decir que no dibuja, pero en un aula de escuela secundaria a lo sumo un par levantará la mano tímidamente, temeroso de la burla por gustarle el arte (todotipodearte).

En general las personas se autoperciben no dibujantes. Yo no sé dibujar. Yo dibujo horrible. No te rías de mi dibujo. Frases repetidas hasta el hartazgo en esta especie de disculpa propia de la adultez, bajo la mirada descalificativa de nuestro yo de jardín de infantes que, con una inocente e involuntaria actitud punk, dibujaba hasta en las paredes. Pero quien esté libre de no haber dibujado, que tire el primer lápiz.

Mientras escribo estas líneas, yo tampoco estoy dibujando. Yo dibujaba mucho en el jardín de infantes. En la primaria dibujaba sanmartines y belgranos para mis compañeritos a modo de Simulcop analógico y tortugas ninjas a cambio de bolitas para jugar en el recreo. En la secundaria dibujaba cosas para enamorar señoritas, y en la facultad dibujaba a mis profesores para hacer reír a mis facuamigos. Y hasta hace unos pocos años, dibujaba humor gráfico. En algún momento quise dar un paso más allá, y empecé a usar una tableta gráfica. Quise dar otro paso más, y empecé a usar un monitor gráfico. Pero para poder dibujar tengo que agarrar y prender la compu. Y sacar el coso de la caja, y enchufar un montón de cables, y abrir un software, y recién ahí empezar a dibujar. Así que empecé a llenarme de excusas. Ya no era tan sencillo como ir al cuadernito y al lápiz 4B. Me entrampé yo solito.

¿Pero a qué quiero llegar con todo esto? Para dibujar hay que sentarse y dibujar. Así de simple. Hay que barajar y dar de nuevo. Volver a garabatear mientras hablamos por teléfono. Llevar un lápiz en el bolsillo para dibujar arriba del individual de papel que ponen a veces en los bares. Y juntarse con gente que dibuja. Y consumir el arte que te gusta. Si te gusta la música, tenés que escuchar música, ir a ver bandas, intentar aprender a tocar un instrumento. Si te gusta la cocina, tenés que mirar cómo cocina alguien que sabe. Y cuando aprendas cómo se corta una zanahoria, y después de cortar kilos y kilos de zanahoria, vas a ver que no estás cortando como te enseñaron sino de la manera que te resultó mejor.

Y ya sea en la música, en el dibujo o en el arte de cortar zanahorias, hay que empezar por conocer la obra de los que saben. La etapa de los covers recomiendo no salteársela. Porque tras tantas horas de darle y darle a la guitarrita, al lapicito o al cuchillito, después ya no vas a saber si la manera de dibujar los ojos la sacaste de Los Simpson o se te ocurrió a vos nomás. Así que dejate de joder, y dibujá. En un monitor gráfico, en un cuaderno o en la arena húmeda de Paso Vera con un palito. O con una zanahoria.

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