Desde la manic pixie dream girl hasta la posibilidad de crear una novia perfecta con inteligencia artificial, gran parte de la ficción escrita por varones ha construido personajes femeninos que existen para amoldarse a necesidades masculinas. Obsession, dirigida por Curry Barker, transforma esa fantasía en una película de terror y expone la violencia implícita detrás de la idea de una mujer diseñada para amar incondicionalmente.
Por Clara Chauvín
Virginia Woolf escribió en su obra Una habitación propia (1929): “Si la mujer no tuviera existencia salvo en la ficción que han escrito los hombres, uno se la imaginaría como una persona de la mayor importancia, muy heterogénea, heroica y mezquina, espléndida y sórdida, infinitamente hermosa y extremadamente horrible; tan grande como el hombre, más grande según algunos. Pero esa es la mujer en la ficción…”. Con esta síntesis, la escritora explicó parte de una larga tradición que forma parte de la creación literaria y que tiene que ver con la construcción de los personajes femeninos desde la visión masculina de sus creadores. Pero claro, dichas visiones cargadas de proyecciones idealizadas poco tienen que ver con la verdad material de las mujeres en distintos momentos históricos. En el cine, esta tendencia de personajes femeninos totalmente irreales continuó su curso: desde bellezas inalcanzables, pasando brujas aterradoras, femme fatales tan sensuales como peligrosas o hasta madres dulces y ejemplares, todas estas visiones unidemensionales sobre las mujeres son pensadas para existir en función a un personaje masculino.

Entre una gran variedad de estereotipos dentro de esta tendencia, existe uno que ha dado muchas conversaciones y es el conocido manic pixie dream girl. El nombre fue acuñado por el crítico estadounidense Nathan Rabin en 2007 tras ver Elizabethtown (2005), como una forma de definir al personaje femenino que encarnó la actriz Kirsten Dunst y que tiene varias coincidencias con otras películas del mismo período. Se trata de mujeres jóvenes, estereotípicamente hermosas, algo excéntricas, que no son como las otras chicas; infantiles por momentos pero también maternales, que irrumpen en las vidas del protagonista –un varón introvertido, sensible y con aires de melancolía– con la exclusiva función narrativa de “salvarlo” y enseñarle a disfrutar de la vida. Estos personajes casi mágicos no suelen tener una narrativa propia o algún tipo de explicación de por qué son como son, de dónde vienen o cuales son sus ideas o motivaciones; simplemente existen para amar y cuidar al varón y llevarlo hacia un final feliz.
“Tengo un don, la especial habilidad de ayudar a los hombres con sus problemas”, decía la bellísima Sara –interpretada por Charlize Theron– en la romántica Dulce noviembre (Sweet November, 2001). Entre las manic pixie dream girls más conocidas se encuentran también Penny de Casi Famosos (Almost famous, 2000), Sam de Garden State (2004), Ramona de Scott Pilgrim vs. The World (2010) o Sam en Las ventajas de ser invisible (The perks of being a wallflower, 2012). En definitiva se tratan de personajes que no existen plenamente como sujetos sino como un catalizador del crecimiento emocional de un hombre.

Pero ¿qué pasa cuando ese sueño perfecto puede transformarse en una verdadera pesadilla? Sobre esa premisa, el joven director y youtuber Curry Barker subvierte una vieja fantasía masculina para convertirla en una de las mejores películas de terror del 2026 con Obsesión (Obsession). La película cuenta la historia de su protagonista Bear (Michael Johnston), un joven y por demás introvertido empleado de una tienda de música, quien está perdidamente enamorado de una compañera de trabajo, la encantadora Nikki (Inde Navarrette en una de las actuaciones del año). Quiere poder confesar su amor, pero su timidez e inseguridades –y el terror ante la posibilidad de no ser correspondido– se lo impiden constantemente. Correr el riesgo y ser totalmente honesto no parece ser una posibilidad para el desafortunado protagonista, entonces la mejor forma es recurrir a la magia y que las cosas simplemente sucedan. Cuando se acerca a una tienda esotérica en búsqueda de un regalo a Nikki, Bear compra un “Sauce de un Deseo”, que consiste en una especie de amuleto que concede un deseo luego de romperlo.
En la noche en que estaba todo dado para realizar la gran declaración romántica, Bear se termina acobardando, entonces recurre al extraño objeto y encomienda: “Deseo que Nikki me ame más que a nada en el mundo”. Así es como de forma inmediata, Nikki se presenta ante él y le pide que pase la noche con ella, pero todo su accionar es extraño, al punto que ella misma no entiende qué le está pasando. La historia avanza y su relación se formaliza, con Nikkie convirtiéndose en una novia completamente devota y dependiente, mientras su comportamiento se vuelve cada vez más errático y amenazante. Bear queda aterrado por la inestabilidad de su novia, al punto de ni siquiera animarse a asistir a una juntada de amigos sin llevarla con él; entiende que el deseo que pidió se ha salido de control y que su pareja ya no es la verdadera Nikkie de la que él se había enamorado. Sin embargo, en vez de pedir ayuda o buscar algún tipo de solución, en ningún momento se plantea terminar con la relación…


A través de escenas aterradoras y muchísimos humor negro, Obsesión se centra en uno de los peligros que nunca pierde vigencia: nada más aterrador que un varón heterosexual, en especial en un presente atravesado por la manosfera en internet, cultura incel y hasta la posibilidad de poder crear una novia con inteligencia artificial a la medida de cualquier usuario. Bear parece un buen tipo, uno de esos nice guy que se consideran amables, tiernos o respetuosos y que, por esas mismas cualidades, deberían recibir algún tipo de recompensa de parte de sus objetos de deseo, aunque eso vaya en detrimento de la autonomía femenina y el consentimiento. Estas mujeres idealizadas son convertidas en una fantasía perfecta que se aleja de cualquier realidad, donde lo único que importa es que cumpla el papel adecuado para la imaginación masculina. Allí donde muchas ficciones románticas muestran a la mujer ideal como el premio que llega al final del recorrido de un varón que hace todo bien, la película de Barker revela la violencia que se esconde detrás del deseo de una novia diseñada para amar incondicionalmente, donde no hay lugar para el amor sino una profunda incapacidad para lidiar con la realidad humana de las mujeres.