Volver a la seguridad del vínculo Circular 6 abril, 2026

Volver a la seguridad del vínculo

¿Por qué una infancia asesina a su par? ¿Cuántas veces murió antes ese niño? ¿Cómo y cuándo se pierde la niñez? ¿En qué patria estamos? ¿Frente a qué miserias? ¿Alguien piensa llegar antes? ¿Qué modelo de relación entre el mundo adulto y la infancia existe detrás de un asesinato entre menores? En un tiempo comandado por la crueldad y el sufrimiento que provocan distintas violencias, un nuevo acontecimiento disruptivo, aunque no único, nos vuelve a dejar perplejas: un niño mato a otro niño.

·x por Ani Alegre

Hay noticias que desearíamos que no existieran. Cuando un niño mata a otro la vida se termina para ambos y si este hecho responde a una época, o a un tiempo, resta preguntarnos qué tipo de sociedad y país estamos sosteniendo para que la violencia letal se vuelva una posibilidad en la vida de las infancias.

Lo sucedido en la localidad de San Cristóbal, Santa Fe, nos ha conmocionado pero no es un hecho aislado. Ciertamente tomó estado público por lo que significa el espacio escuela; ahora, también es verdad y una verdad plena, que esto está ocurriendo en otros espacios y circunstancias. Argentina tiene tres indicadores reconocidos por el propio estado nacional y las provincias: un alto índice de suicidio infantojuvenil, un alto índice de infancias en situación de adicción que mueren o matan en contextos de alta vulneración y un alto índice de jóvenes que fallecen por múltiples violencias y no necesariamente en el ámbito escolar. 

El intento de buscar respuestas y entendimiento a un hecho del horror nos enfrenta como espejo a la fragilidad en la que se encuentran nuestras realidades. Cuatro de cada diez chicos y chicas son pobres en Argentina, vivimos la crueldad institucionalizada, el desprecio por la otredad, discursos y actos que legitiman exterminio y la humillación, proliferan vínculos quebrantables y mientras tanto el Estado y las políticas de contención y cuidado se retiran de escena. Se ha flexibilizado la portación de armas y la violencia cotidiana gubernamental reprime a ancianos y discapacitados. Se desarmaron programas sobre bullying en escuelas, no hay planes sobre educación sexual integral y el desfinanciamiento a organismos públicos baja la calidad de todas las instituciones existentes. Hay cientos de niños, niñas, adolescentes que no culminan la secundaria en nuestras ciudades entrerrianas y argentinas, muchos y muchas, claro, no podrán ser profesionales. ¿Cuántos de ellos y ellas van a integrar las redes de prostitución moderna? Es decir, a través de las nuevas tecnologías, incluso de empresas que, por la legislación vigente en el mundo, ni siquiera es pensado el concepto de niño línea como sujeto de derecho, sino que directamente vemos como moneda corriente a nuestras menores transformarse en instrumento dentro de las redes de trata de personas. ¿Y cuántos de ellos terminarán siendo simplemente el ejército de reserva del mercado? Es decir, siendo explotados laboralmente por nada. Bueno, ya lo estamos viviendo.

En paralelo al número de las muertes podemos contar el número de tramas de narrativas de vulnerabilidad infantojuveniles que terminan decantando en lo que está ocurriendo. Por supuesto que hay responsabilidades y siempre son responsabilidades colectivas. 

La escuela está rota

El episodio trágico en Santa Fe pone en el centro del debate infancias, salud mental, estado, desmantelamiento en la educación pública, cuidados y control del acceso a las armas con los cambios llevados adelante por el actual Gobierno nacional. En conversación con Circular, el Dr. Enrique Oscar Stola Médico Psiquiatra – Especialista en Psicología Clínica y Pablo Álvarez Miorelli, pedagogo, docente y diplomado en DDHH y género nos brindan una perspectiva de lo sucedido.

“Diría que lo nos sacudió a todos es que se haya dado en el ámbito de la escuela cuando se supone que la escuela es catalizadora, es constructora de vínculos, de tejido, en todo momento de crisis, históricamente la escuela ha sido la que cobijó, la que volvió a construir, la que volvió a juntar y de pronto el lugar que es nuestro espacio de socialización básica en cualquier civilización humana es donde disrumpe el disparo y donde estalla la muerte de alguien a quien debió haberse cuidado. Eso me parece lo que más nos sacude y nos genera muchos interrogantes sobre que nos está pasando que, entre otras cosas, se están invisibilizando la violencia escolar y que de pronto ese balazo hizo que más de uno se sacuda. Ahora esto no es de ahora. Hay momentos en todo tiempo histórico que son simbólicos, que es como el silencio, la calma que antecede a una tempestad”, expone Miorelli.

Además, agrega que transitamos lenguajes de profunda violencia, “tanto desde ciertas significancias institucionales muy muy muy potentes, pasando por alguien con una motosierra amenazando a otro, la instalación otra vez lo que se llama los discursos de odio a lo diverso donde se pretende homogeneizar los cuerpos lo que se denomina comúnmente estereotipos de género, un tiempo en que se instauran otra vez narrativas de la conducta, del color de piel, de los modos de socializar del joven”. Ocurre que vivimos tiempos de hiperconectividad, señala, ya que

“precisamente se están construyendo disrupciones y rupturas, porque esas socializaciones en redes del nuevo sistema de comunicación tampoco hoy está pensado en el sistema educativo, es decir, hay nuevos espacios de vínculos, que en realidad más que vincularnos nos desvinculan, y quién pone en tensión esos modos que tienen porque esto no se construyó de un día para el otro, no es que un niño se levanta y decide matar a otro. Hay una construcción previa desde lo simbólico”, concluyó. 

Pablo insiste en el diálogo sobre el hecho de que nadie sale porque sí a matar a otro. No, no es ni siquiera una cuestión natural. “Históricamente se ha dicho, al menos desde la antropología, que el mayor registro que tienen los antropólogos, es precisamente haber encontrado en nuestros antepasados un hueso de fémur roto. ¿Y qué significa esto? Que alguien se quedó a cuidarlo, a curarlo y esa es la naturaleza humana, el cuidado”. Pero hoy, estamos atravesando un tiempo histórico de construcción de violencia y estas violencias, “incluso la cultura individualista en un ultraliberalismo donde lo que importa es el individuo y el individuo per se, niega al otro. Yo soy porque lo que tengo me lo gané, es mío. Y lo mío es de un Uno, de mí. Bien ¿y los vínculos con los demás, con la familia, con los afectos, con los amigos, con la escuela misma? Una escuela que hoy tampoco está pudiendo contener, porque también habría que preguntarse en qué situación o en una de las preguntas que surge siempre, ¿y qué hizo la escuela? Bien y ¿en qué situación están quienes construyen la escuela? ¿Quiénes cuidan a los que deben cuidar?”, concluyó con énfasis el pedagogo.

 

¿En qué espejos se ven nuestros niños y nuestras niñas? 

Desde las esferas más altas del poder se apremia la humillación y la crueldad. La cultura digital, omnipresente como una extensión más de lo cotidiano, anestesia fuerte frente al dolor ajeno. Las personas adultas hemos abandonado educar en la ética del dolor y estamos ahí, en una encrucijada que nos lleva al abismo vincular, a la sensación del sinsentido, a la soledad.  Parece que sólo las adolescencias son noticias cuando se suicidan o cuando matan. Ninguna autoridad, organismo, institución, puede reaccionar integral y colectivamente ante los pedidos desesperados de las nuevas generaciones que reclaman políticas públicas que aborden la pandemia de salud mental que nos traspasa.

Es el silenciamiento de muchas causas. Tenemos que abrirnos, tenemos que discutir este tema. Nadie tiene la respuesta precisa, la justa. Pero tenemos que abrirnos a ver la máxima cantidad de variables posibles que haya que son las que facilitan estas acciones de violencia en donde no hay un mínimo marco institucional para que, si hay un conflicto, se pueda resolver en forma no violenta. Esos marcos institucionales no existen. Vamos detrás de la tragedia, detrás del dolor, detrás de las heridas, pero no hay prevención de nada. Estamos muy solas y muy solos en este poder destructivo que se utiliza del Estado, ¿no? Porque dijeron que venían a destruir el Estado”, sostiene Enrique Stola, el reconocido psicoanalista.

Mientras tanto, se refiere a la dimensión política. “Venían a destruir los espacios institucionales que podían garantizar ciertos derechos trabajosamente conquistados y vinieron a destruir espacios y a depredar todo aquello que podían tener los jóvenes y las jóvenes, las jovencitas, para discutir sus problemas. Jóvenes de 14, 13 años, 15 años para poder discutir sobre su sexualidad, sobre la violencia, vínculos, acoso, abusos. Vinieron a destruir todo eso y hoy tenemos una víctima que está muerta y tenemos otra víctima que es quien apretó el gatillo. Porque esa es otra víctima nuestra, de las de los adultos, de la sociedad y del actual gobierno”, agregó.

Estamos frente a lo inadecuado de nuestro sistema en la protección de la infancia, la falta de capacitación de algunos de los brazos efectores del sistema y sobre todo la insuficiencia de políticas públicas. Quizá el riesgo más grande ahora sea caer en la tentación televisiva y boba de endurecer, de castigar más, de mirar a las niñeces como peligrosas en lugar de como sujetas atravesadas por condiciones que no eligieron. Porque si hacemos esto perdemos la posibilidad de comprender y, sobre todo, de transformar.

“Este proyecto político que nos gobierna tiene ganadores y tiene perdedores y sabemos que para los perdedores significa la miseria, la falta de remedios, la muerte. Dejar vivir y dejar morir, que mueran como quieran. Entonces, ese es el marco institucional que hay. Es muy difícil pensar política de prevención si uno sabe que hay un estado que tiene un gobierno que no va a hacer prevención. Ahora, suponiendo que tuviéramos un gobierno que hiciera prevención, entonces tendría que exigir en todos los ministerios, no programitas sobre género, programitas de no violencia, no, no, políticas, políticas económicas, políticas sociales que tengan que ver con la justicia social y que tengan que ver con promover la equidad entre los seres humanos que estamos en este espacio territorial que es Argentina”, opina Stola añadiendo: “no hay duda que si hay políticas de ese tipo eso va a traspasar el cuerpo de niños, niñas y adolescentes. Eso va a ser una invitación a que se pueda empezar a dialogar y resolver los problemas de otra forma. Si no hay políticas nacionales es medio imposible hacerlo”, sostuvo Stola. 

Recuperar la virulencia amorosa

¿Por qué estos casos nos detienen en la comunidad? ¿Qué hizo falta para enfocar la mirada en las infancias vulneradas? Mientras se niega el acceso a la vivienda, una puerta a la educación, la salud y el trabajo, vivir en condiciones dignas se vuelve destino cerrado. 

Urge organizar la rabia justa, la potencia de lo frágil, cambiar el paradigma de lo que llamamos empatía para discutir una economía que se ponga al servicio de la sostenibilidad de la vida no del lado de la meritocracia. Apura sostenerse. Los cuerpos de las infancias necesitan políticas reales, apoyos concretos, redes tangibles, cuidados que sean hogar, piel, ojos y palabras que las y los impulsen a pararse y armarse. Nuestros chicos y chicas esperan respuestas adultas a problemas graves y eso debería tener un mayor lugar en esta discusión.

Scroll to Top