Marina Delorenzi reflexiona sobre la escritura como un acto de reparación, la maternidad como motor creativo y el valor de la poesía como un espacio de resistencia frente a la velocidad del mundo actual.
por Andrea Sosa Alfonzo
Imagen de portada: Marina Delorenzi
Marina es poeta, escritora y tallerista. Dice que escribir no es un acto solitario, sino un puente. A través de sus palabras, recorre su propia historia, desde los primeros versos a los ocho años hasta la reciente publicación de su libro, Cuerpo que se hace signo editado por Tinta Libre. En este camino, la identidad, el río Uruguay y la sororidad se entrelazan para dar voz a lo que, durante mucho tiempo, fue silenciado.
Escribir para dejar huella
La escritura aparece en la vida de Marina como una construcción colectiva. «Una mujer escribe para dejar huella, compartir su herida y abrazar en la palabra a otras mujeres». Frente a una tradición que históricamente validó la voz masculina como una fuente de verdad privilegiada, Marina sostiene que las mujeres tienen mucho que decir y, sobre todo, mucho que «hacer con otras».
La maternidad, el alojar vida, el empoderarse desde una identidad que va más allá de la propia también tiene mucho que ver con la experiencia vital de la palabra escrita. La experiencia de ser madre marcó un antes y un después en su proceso creativo. Marina describe su maternidad como un proceso que la enfrentó a sus propios demonios, pero también le permitió reconocerse «superpoderosa» en el cuerpo y en la cabeza. En medio del agotamiento físico y emocional —el latido de la madre que no duerme o que no llega a bañarse—, la escritura surgió desde un lugar profundo, permitiéndole «latir de otra manera».
Citando a la poeta Diana Bellessi, Marina rescata el valor de lo «inútil» en una sociedad obsesionada con la productividad. «Lo más valioso que tiene la poesía es que no sirve para nada». En un mundo que corre rápido, que obliga a sacar cuentas y a leer la letra pequeña de las decisiones políticas que hacen daño y aprietan, la poesía se presenta como “una pausa necesaria para disfrutar y pensar”, asegura. «La poesía no se vende, no se compra, no es intercambio, es solo poesía».
Y es que la identidad de Marina está profundamente anclada a su paisaje, al territorio y a la memoria, al ser también en otras vidas, por eso su escritura es ese vaivén, esa experiencia inútil. «Cuerpo que se hace signo va y viene sobre el Río Uruguay», relata, describiendo una conexión física con el entorno donde nació y vive. Para ella, la memoria es mujer: “es la que guarda el fuego inicial y desde ellas vengo con este puñado de palabras que puedo escribir. La memoria dibuja puentes hacia las ancestras, quienes fueron las primeras en trazar el territorio.


La ronda de mujeres y los gestos de las infancias
Como coordinadora del taller «Hilando Palabras» junto a Paula Siancio, Marina ha creado un espacio donde las mujeres se descubren en lo común. En estas rondas, el prejuicio desaparece y la voz se vuelve genuina, lejos de mandatos o estereotipos. Su libro, Cuerpo que se hace signo, nace de esa comunidad. «Está abrazado a esa ronda», afirma Marina, reconociendo que es gracias al “acompañamiento de otras mujeres que he aprendido que mi propia voz es válida”.
“Mi escritura dialoga con una infancia que es mi hija Olivia, que me encuentra con otras niñeces y con la mía propia”, dice conmovida Marina, mientras destaca la importancia de acercar la poesía a las infancias, no a través de la comprensión racional, sino de la musicalidad. El “gesto es convidar libros, papelitos, jugar a inventar rimas, encontrar el sonido y mostrar libros incluso aquellos que no puedan entender” pero necesarios como gestos para que las niñeces empiecen a «masticar» la poesía.
Para las niñas, ver a mujeres que escriben y leer a mujeres, es un mensaje de empoderamiento: «Si ellas pueden, yo también». Es una forma de disputar la propiedad de la palabra, también para los varones recordando que siempre hay mujeres que habitan la narración, desde el comedor de un hogar hasta un aula, que tienen “algo valioso para decir”.
Ante el temor de las mujeres que aún cargan como un peso la oportunidad de escribir porque fue negada por un sistema que instaló como certezas “lo que yo tengo para escribir no vale, no tengo referencias”, Marina repite como un mantra que el faro de Virginia Woolf sigue alumbrando un mundo mejor: «Escribid mujeres, escribid, que por tanto tiempo se nos fue negado».
Cuerpo que se hace signo se presenta este viernes 13 de marzo en Birra y Postre a partir de las 20.30 hs (Mitre 181, Concepción del Uruguay, ER) junto a música en vivo a cargo de Juan Sito, además se podrán apreciar las obras de las artistas uruguayenses que acompañan este libro: el diseño de tapa de Claudia Mete y las ilustraciones de interior de Liliana Delmonte.
