En el barro de la historia Circular 20 marzo, 2026

En el barro de la historia

¿En dónde se encuentran los límites morales cuando las dimensiones de víctima/victimario simplemente cambia de lugar? Es uno de los dilemas éticos sobre la justicia y la reparación que se propone Fue sólo un accidente, la última y multipremiada película del director iraní Jafar Panahi, un cineasta que ha hecho del cine una forma de lucha y resistencia.

Por Clara Chauvín

Hacer cine como forma de resistencia hacia la opresión es lo que ha distinguido a Jafar Panahi, uno de los directores iraníes más importantes a nivel internacional. Películas como El globo blanco (The White Balloon, 1995), El círculo (The Circle, 2000) y Taxi Teherán (Taxi, 2015) consagraron al cineasta con los principales galardones en festivales internacionales de Cannes, Venecia y Berlín. Pero también estuvo en la mira de parte del régimen teocrático de Irán: Prisión, censura, prohibición de salir del país y de hasta filmar películas fueron algunas de las condenas que Panahi recibió a lo largo de su carrera. En 2003 fue condenado a seis años de prisión –acusado de realizar “propaganda contra el Estado”– siendo liberado tres meses después e imposibilitado para filmar. Para 2022 volvió a ser acusado y encarcelado por presunto vínculo con protestas en contra del gobierno y puesto en libertad tras haber hecho una huelga de hambre durante 48 horas. 

“Me pregunté qué debía hacer ¿Convertirme en alguien que se sienta a quejarse de lo difícil que se volvió todo? ¿O intentar encontrar una salida? Al final, resolví hacer lo que fuera necesario para continuar trabajando”, afirmó el director con la convicción de seguir haciendo cine, incluso de forma clandestina. Así es como en 2025 estrenó Fue sólo un accidente (It was just an accident, 2025) la gran ganadora del Palma de Oro en Cannes y un retrato sobre el Irán de la actualidad y las heridas profundas que deja la prisión y la tortura. El film es una coproducción entre Irán, Francia y Luxemburgo y fue rodada tras salir de prisión por segunda vez.

La película comienza con una familia viajando en auto por la ruta, el hombre maneja acompañado de su esposa embarazada de copiloto y la pequeña hija en el asiento de atrás. El trayecto se ve abruptamente interrumpido cuando el hombre atropella accidentalmente a un perro, dejando el auto algo averiado. “Por algo Alá lo puso allí”, manifestó la mujer sobre la mala fortuna del perro que de casualidad pasaba por allí y fue arrollado. 

Cuando se detienen en un taller mecánico para la reparación del vehículo, Vahid –un trabajador del lugar– se paraliza ante la familiaridad que le generó el patriarca de la familia: se trataría del carcelero que lo torturó cuando estuvo preso por haber participado de una manifestación que reclamaba por derechos laborales. Ansiado de venganza y en un acto impulsivo, persigue al hombre para secuestrarlo. 

Con su torturador maniatado en el medio del desierto para así asesinarlo, Vahid comienza a dudar si realmente se trata de ese agente del gobierno conocido como Pata de Palo. Durante el tiempo de detención estuvo siempre con los ojos vendados y solamente lo conoce por su voz y por el sonido particular que realiza al caminar ya que tiene una pierna ortopédica. Sobre su propia experiencia como perseguido y detenido, el director relató: “En la cárcel te sientan en una silla frente a la pared con los ojos vendados mientras un policía te interroga. Pero más que tener la atención puesta en qué contestar, estás pendiente de la voz que te está preguntando. Querés reconocer y entender a esa persona y tu oído se fortalece, perdés el resto de los sentidos”. 

Lleno de dudas y cargando con la víctima en su camioneta, Vahid emprenderá la búsqueda de otras personas que también estuvieron detenidas y fueron sometidas por el mismo carcelero. La historia pasa a convertirse en una suerte de road movie, con sus personajes encontrándose ante todo tipo de vicisitudes en donde también se da lugar al humor y la ironía. Este derrotero llegará a su punto álgido cuando el celular de Pata de Palo recibe una llamada de la pequeña hija desesperada porque su madre está desmayada y no la puede despertar. 

En este grupo de varones y mujeres se presentarán distintas discusiones respecto a qué hacer, abriendo una serie de dilemas morales que se propone la película: ¿Y si no se trata del hombre que buscan? ¿Es posible la reparación de traumas tan profundos? ¿Cuál es la diferencia entre justicia y venganza? ¿Hay esperanza de reparación cuando la justicia real no existe para las víctimas de políticas estatales terroristas? ¿Qué tan responsable es ese agente estatal que obedece a las órdenes de un poder opresivo muchísimo más grande? “No somos como ellos”, dice uno de los personajes. 

Cuando la humanidad se resquebraja ante la reproducción de la violencia –que es utilizada por el poder como una herramienta para impartir una aparente orden– los límites morales se desvanecen y las dimensiones de víctima/victimario simplemente cambian de lugar. Fue sólo un accidente figuró en todas las listas de las mejores películas del 2025 y recibió diversas nominaciones durante la última temporada de premios. Mientras esto sucedía, en diciembre de 2025, Panahi –quien reside temporalmente en Francia– fue nuevamente condenado a prisión por “actividades de propaganda” contra el régimen de su país. Sin embargo, el director y guionista aseguró que volverá a Irán y también seguirá filmando. 

En mayo de 2025, cuando se convirtió en gran ganador del premio más importante del Festival de Cannes, el cineasta expresó en su discurso ante una multitud que aplaudió de pie: “Me di la vuelta y vi un muro muy alto. Y detrás de este muro, todos esos otros seres queridos, todas estas personas quedaron detrás de este muro. Entonces me pregunté cómo podía ser feliz, cómo podía sentirme libre, si ellos seguían dentro. Hoy, estoy aquí con ustedes, recibo esta alegría, pero siento la misma angustia. ¿Cómo puedo regocijarme? ¿Cómo puedo ser libre mientras en Irán, todavía hay tantos de los más grandes directores y actrices del cine iraní, que hoy están impedidos de trabajar?”. 

Durante la última edición del Festival de Berlín, muchas conversaciones se desataron tras la posición del jurado presidido por el cineasta Wim Wenders por no emitir ningúna posición frente al genocidio en Gaza, insistiendo que el cine debe “mantenerse al margen de la política”. Afortunadamente, todavía hay quienes entienden que el arte no puede darle la espalda a su tiempo. En su última película, Panahi –quien filmó sin permiso de las autoridades iraníes– se centra en la violencia presente en la vida cotidiana de su país, para así continuar denunciando injusticias con un cine de guerrilla inmerso en el barro de la historia. 

∆ {Curaduría por Equipo Circular}

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