«Acá hubo un solo demonio que tiró vivas a nuestras Madres. Un solo demonio que torturó y mató a chicas embarazadas. ¡No nos han vencido!», dice Taty Almeida, con su pañuelo blanco y una sonrisa que se agranda cuando levanta su mano izquierda cerrada con un movimiento casi horizontal de atrás para adelante. Todas entendemos este gesto de lucha mientras recuerda a su hijo Alejandro Almeida, detenido-desaparecido el 17 de junio de 1975. A 50 años del último golpe cívico militar clerical, la presidenta de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, referente indiscutible de las luchas por los Derechos Humanos en Argentina, nos habla en circular del presente, nos marcan el camino y nos muestran que la fuerza está en la memoria.
por Ani Alegre

Circular- sobre la discusión de los derechos humanos, ¿considerás que es un tiempo en el que está más vigente que nunca?
Taty- Bueno, mira, primero no hay que olvidarse de decir el golpe cívico militar clerical, porque yo soy católica, pero que le caiga el sayo a quien le caiga. Lamentablemente, querida, la jerarquía eclesiástica fue cómplice total con los genocidas. Y sí, estamos viviendo ahora momentos muy preocupantes con este gobierno repudiable, negacionista que quiere borrar totalmente la memoria y todo lo que hemos logrado con tanto esfuerzo con respecto a la defensa de los derechos humanos. Pero lo importante, hija, es que si bien quedamos sí muy poquitas madres, abuelas, estamos tranquilas porque ya hemos pasado la posta y realmente se está continuando con toda esta lucha. Esa posta de a poquito la vamos pasando. Porque a pesar de los bastones y las sillas de ruedas, las locas seguimos de pie.
C- ¿Hay algún tiempo que se asemeje a este a este en tanto descreimiento, en tanto escepticismo, frialdad, crueldad? ¿Encontrás algún otro momento tan disruptivo en la conceptualización, que nos obligue tanto a repensar las estrategias de cómo generar una conciencia colectiva?
T- Sí, escuchame, acá se está demostrando día a día lo que pasó. Mira, por ejemplo, ahora que a pesar que nos están reprimiendo como siempre a los jubilados o en este momento las que nos oponemos a esta reforma laboral parece mentira que la gente no lo entienda que va en contra de los trabajadores, pero bueno, ahí hemos salido a darle frente a la policía, o sea a este gobierno. Entonces, eso también, querida, es muy importante porque se van cuenta aquellos tibios o aquellos que todavía no lo entienden. Parece que esta gente, la que dice que hay que esperar, que no come, que no compra remedios, que no viaja. Entonces, te vuelvo a repetir, se están viviendo momentos muy duros y lo importante, ya te digo, es que nos invitan no solamente a madres, sino justamente a hijos, a todos, a dar charlas en los colegios, en los centros vecinales, en las plazas.
Es tan importante ver que, por ejemplo, una madre, o sea, un pañuelo está contando la historia y diciendo lo que ocurre. Una cosa es que lo escuchen a otros, pero es tan importante nuestra voz, sobre todo cuando somos afectados directos, o como son los nietos recuperados, como son hijos y bueno, ni hablemos cuando somos nosotras las Madres. Eso también tiene mucho valor, yo no me canso de repetir. ¿Cómo me gustaría tener un mano a mano con la Villaruel? A ver si sus amiguitos, los genocidas, van a negar que tiraron vivas a nuestras madres, a las monjas francesas desde los vuelos de la muerte y vaya a saber a cuántos de nuestros hijos, a ver si van a negar que se apropiaron de los bebés de las militantes políticas que estaban presas, que las mantuvieron vivas hasta que tuvieron familia. ¿Te das cuenta? Eso me encantaría, pero un cara a cara.
Indudablemente esto es lo que quieren borrar, lo que quieren negar que ha ocurrido, pero hay hechos. Vos sabés que recuperamos el avión, uno de los aviones de los vuelos de la muerte, está ahí en la ex Esma. Hay que ver la cantidad de colegios y todos que van pasando y ahí se les va explicando como también la casa, la nuestra de Madres que está realmente activa, no te imaginas la cantidad de colegios, de estudiantes que van pasando y eso es hacer memoria.
C- nos preguntamos casi siempre en este tipo de entrevistas de qué está hecha la esperanza. Si tuvieses que elegir algunos ingredientes ¿qué pondrías adentro de esa cajita?
T- El de la fe, el de no bajar los brazos, porque como decimos, las madres lo hemos hecho durante años y lo seguimos diciendo, la única lucha que se pierde es la que se abandona. Así que, por eso, chicos, a los jóvenes, sobre todo, no hay que bajar los brazos porque realmente tenemos que seguir demostrando que seguimos resistiendo y que no nos han vencido. Eso es lo principal.

Las Madres de pañuelo blanco salieron a buscar a sus hijos e hijas y se convirtieron en símbolo de dignidad para el país y el mundo. En un acto de estrategia e inteligencia frente al profundo dolor, convirtieron la orden de «circular» de las fuerzas de seguridad, en un acto de coraje cívico que marcó nuestra historia para siempre. No da lo mismo un pañuelo blanco, hoy en el mundo no da lo mismo. Aquel 30 de abril de 1977, esas mujeres ya no fueron las mismas, tampoco la sociedad que, sin saberlo, veía nacer un colectivo que construía esperanza en el futuro en uno de los tiempos más oscuros y agobiantes de la Argentina.
Claro que había amor, pero la continuidad y el sostén se construyó con coraje, resistencia, tesón y organización. Así Taty y las Madres buscaron primero a sus hijos e hijas y luego justicia para ellos. El terrorismo de Estado no tuvo piedad y también las secuestró, pero siguieron batallando en dictadura, y luego en democracia. Ante cada atropello para el pueblo, están con su pañuelo blanco impartiendo ejemplo de civilidad.
Hubo muchos avances contra las Madres, hubo cientos de intentos por derribarlas y ante cada embestida una multitud las acompaña. Liliana Herrero dijo alguna vez: «Cuando se quiere sacar el mayor símbolo de lo que ha sido el retorno de la democracia en este país, nosotros tenemos que estar acá sí o sí. No tenemos alternativa”.

El recuerdo a Alejandro
Nació el 17 de febrero de 1955, una calurosa madrugada en Buenos Aires. Sus amigos lo llamaban ‘El Principito’. “Tengo tres hijos, Jorge, Alejandro y Fabiana. Alejandro Martín Almeida está detenido desaparecido. Él tenía veinte años y lo desaparecieron. Muchas personas, decían y dicen aún hoy: ´Por algo será´. Nosotras les contestamos con mucho orgullo: Sí, fue por algo. Fue porque ellos asumieron un compromiso político y social, luchaban por un mundo mejor”.
Alejandro Martín Almeida había trabajado como cadete de la agencia TELAM en la sección de publicidad, tenía veinte años, trabajaba en el Instituto Geográfico Militar y estaba cursando el primer año de la carrera de Medicina cuando fue secuestrado y desaparecido por la Triple A.
Aunque todavía faltara algo más de ocho meses para el golpe de Estado, la barbarie ya estaba en marcha y no tuvo piedad con él. Taty preguntó y preguntó a través de los contactos militares que había en su familia. Nada. Nada de nada. Lo que sí encontró revisando la habitación de su segundo hijo fue un cuaderno con 24 poesías que la conmovieron hasta hacerla renacer.
Si la muerte me sorprende lejos de tu vientre, porque para vos los tres seguimos en él,
si me sorprende lejos de tus caricias que tanto me hacen falta,
si la muerte me abrazara fuerte como recompensa por haber querido la libertad
y tus abrazos
entonces sólo envuelven recuerdos, llantos y consejos que no quise seguir,
quisiera decirte mamá que parte de lo que fui lo vas a encontrar en mis compañeros.
La cita de control, la última, se la llevaron ellos, los caídos,
nuestros caídos,
mi control, nuestro control está en el cielo,
y nos está esperando.
Si la muerte me sorprende
de esta forma tan amarga, pero honesta,
si no me da tiempo a un último grito desesperado y sincero, dejaré el aliento, el último aliento,
para decir te quiero.
Lo había escrito Ale con conciencia y con ternura, o sea, con humanidad. Todos lo extrañaron y lo extrañan desde ese instante de horror eterno que se perpetúa, entre otras laceraciones, porque sus restos jamás aparecieron. Ni siquiera con la incansable búsqueda de Taty.
Diez años después del secuestro de su hijo, Taty participó junto con un grupo de Madres, de una actividad en Ciudad Universitaria, como homenaje a los estudiantes detenidos-desaparecidos. Allí, por primera vez, conoció a algunos de los compañeros de su hijo que le brindaron detalles de su actividad política y le hicieron saber que fue gracias a Alejandro que muchos de ellos están vivos y pudieron exiliarse porque si bien él sabía sus nombres y direcciones, nunca habló.
En el año 2008, Taty publicó el libro ‘Alejandro, por siempre… amor’ que recoge recuerdos, testimonios de familiares, amigos y comentarios de lectores además de los 24 poemas hallados en la agenda de Alejandro. Taty explica de esta manera su decisión de darlos a conocer. “Hace tiempo que entendí que nuestros hijos son parte de la historia de todos. Es importante que se conozcan estos textos que dejó mi hijo como testimonio de la sensibilidad de su generación”.
“Esperame que ya vengo” fue lo último que Taty escuchó decir a Alejandro el 17 de junio de 1975. Él cursaba primer año de Medicina. Aquella mañana le avisó a su madre que, como al día siguiente tendría parcial, no iría a trabajar. No volvieron a verlo.

Para esta Madre, descubrir la militancia de su hijo fue un motivo de orgullo. Alejandro forma parte de los 2000 detenidos desaparecidos antes del inicio del gobierno militar, víctima de la Triple A. Dirá Taty al respecto: “Hay que recordar y remarcar que ese horror del terrorismo desde el Estado no empieza en el ‘76 sino en un gobierno constitucional, aunque, yo digo, no democrático. Dado que entre el ‘74 y el ‘75 hay 2 mil detenidos desaparecidos y asesinados; y de los 600 centros clandestinos que hubo en dictadura, 3 ya funcionaban en 1975. Obviamente que después del golpe ya es un plan perfectamente organizado».
Como la mayoría de Madres y Abuelas, Taty carga sobre sus hombros años y años de camino, lucha y tesón encarando una batalla sin pausa contra el negacionismo, por mantener viva y en pie la Memoria, y peleando por Justicia. Mujer de fuerza arrolladora, la voz de la conciencia nos deja en claro que pesar de que, hoy en día, el discurso de odio abunda, gran parte de la juventud y la sociedad se identifica con la historia reciente del país y encuentra en ella la posibilidad de generar empatía, interés por el pasado o herramientas para el futuro.
Frente a la indiferencia y la desinformación, el ejercicio de la memoria en Taty se manifiesta como un acto de la palabra fundamental, donde lo vivido, el testimonio y la historia misma, nos ayuda a redefinir los consensos en disputa y reconstruir la noción de la memoria, la verdad y la justicia como un compromiso irrenunciable