Un universo de creencias, una pluralidad infinita de prácticas religiosas, una matriz cosmológica, un Papa Francisco en Plaza de Mayo. Con la música del Padre Guilherme Peixoto, miles de personas, encontrándose, hicieron que lo sagrado sea recíproco.
Por Ani Alegre / Galería fotográfica por Juan Noy
Por la mañana café
Por la tarde oración
Por la noche Cristo con su protección

El sábado 18 de abril desde la tarde hasta la noche, la Plaza de Mayo estuvo copada de gente para recibir al cura Guilherme Peixoto, un mágico y sensible DJ religioso portugués, que brindó un show gratuito en homenaje al Papa Francisco, a un año de su fallecimiento. Inscribió en su repertorio internacional las más diversas gamas del pop y el rock mezcladas con fragmentos de discursos y encíclicas de Bergoglio, que se remixaron con pistas de música electrónica. Es difícil de imaginar si no lo tenés fichado, pero increíblemente disruptivo y movilizador en su espíritu de comunicarse con todos, todos, todos.
Más de 250 mil personas de diversos credos, edades, clases sociales y abanicos sexo genéricos, bailaron junto al cura DJ. Guilherme condensó lo que los grupos misioneros cantaban y agitaban mientras entraba a La Plaza: “Hagamos lío, la juventud es lo mejor que tiene Cristo y el mundo es careta”. Claro está, de la misma manera que hay una rebeldía juvenil a caballo de la crisis de la adolescencia, en un clima de época cruel y virulento, también hay un periodo de reintegración que construye versiones desde la fe y la esperanza para hacer una crítica de la crítica.






Y así fue que ocurrió un fenómeno justo y necesario, plural y móvil, dentro y fuera de las instituciones religiosas, más con ellas que contra ellas. Ocurrió en el espacio público, en un set con Freddie Mercury, pasando por Bad Bunny y cerrando con León Gieco. Ocurrió omnívoro, texturizado, con microclimas paganos conviviendo con vírgenes, putas, banderas, melancolías y el amor de un Dios que nos abrazo a todos, a todos, a todos. Ocurrió mientras conversábamos y nos celebrábamos y sabíamos que nos merecíamos este alivio de ternura después de tanta tempestad. Ocurrió mientras sonreímos porque tuvimos un Papa Argentino, el más humano, el Papa Francisco que nos decía que cuidarnos entre nosotros era la revolución y que teníamos que cuidar a los viejos, a las infancias y a la familia. Ocurrió mientras el cura DJ le ponía dos horas de música a la emergencia de los más variados individualismos, los hedonismos y las militancias que todas las décadas renuevan en nuestra sociedad. Ocurrió entre miles de bocas, piernas, manos e historias, haciendo de la diferencia la potencia; buscamos en las pieles y los ojos de otros y otras la esperanza, para no balconear la vida y jugárnosla mientras el baile y cielo abre el mañana y sus posibilidades. Los organizadores del evento remarcaron que la clave era crear un momento de paz cultural.

No hizo falta mencionar cuáles son esos pasos fantasmas de traje y corbata con los que convivimos y también los llevamos en el interior, ni tampoco fue necesario enfatizar en lo que nos golpea y los sitios en los que la oscuridad nos envuelve. Pienso en un stencil de Bergoglio que merodeó toda la noche por ahí: “No se metan en la cola de la vida, pateen para adelante, construyan un mundo mejor, un mundo de hermanos, un mundo de justicia”. Quizá vino a eso Guilherme, a proponernos un hermoso método para ejecutar esta arqueología colectiva argentina manteniendo la ternura, la conversación viva y el intercambio real basado en la importancia por el otro y el amor, porque bien sabemos que el olvido es otra forma de demolición.
La fe ya no es lo que era, ni en la vida social ni en nuestra cabeza. ¿Y si en realidad nunca fue lo que imaginamos; ni un pueblo homogéneo, ni una relación con Dios lejana e inmutable? Lo del cura DJ fue una fiesta hermosa e indispensable, la música electrónica fue un puente para encontrarnos con expresiones religiosas que resignifican y disputan hasta las contraculturas en momentos donde la batalla cultural es el faro. En la fe no hay una forma exclusiva, pero sí resistente, festiva, conservadora, humana y muchas cosas más al mismo tiempo.